RECONSIDERANDO EL ENTRENAMIENTO

Training (Re)Considered

¿Qué es lo que verdaderamente se pone en juego cuando un grupo de actores-artistas se reúne en un momento particular de sus vidas para entrenar? El entrenamiento en Vértico, como idea e intento de engranar lo ético-social, lo artístico y humano, sirve para identificar y poner de acuerdo tu individualidad artística y la práctica escénica, orientar el trabajo para disfrutar y aprender. Sirve también para compartir una experiencia única y al mismo tiempo hacerlo a través de una búsqueda común.

Los talleres, laboratorios y bloques de entrenamiento se mantienen activos no por razones económicas, materialistas, por así decir. No nos mueve el materialismo práctico ni tampoco el consumismo de las técnicas. Tampoco el altruismo ni el idealismo filosófico. Poco pueden por sí solos resolver la cadena de problemas con los que el actor, cualquier persona, se encuentra hoy en su día a día, su satisfacción personal y profesional. Se trata de hacer un entrenamiento sostenible, con todas las bondades pero también contradicciones e incongruencias que la palabra conlleva. Sostenible para una misma. Este entrenamiento no te traerá contactos ni contratos, ni siquiera puede hacerte una buena o mejor actriz porque probablemente ni tienes un propósito común ni compartes los mismos criterios que las personas que entrenan contigo. No te hará entender mejor la "industria cultural" en la que te ves absorbida. Quizás te ayude a encontrar recursos para enfrentarte más cómodamente a ella. Quizás abra la posibilidad de dar cabida a un arte que te interesa, de investigar aquello que reside en tu ser y es único en ti, tu creatividad; y al hacerlo, entender y aceptar mejor la realidad que te envuelve.

Quizás nos ayude a caminar juntas hacia una mejor comprensión de nuestro papel como actores en y de la sociedad.

Escribía Chéjov en 1911:
En una noche de fascinación descubrí algo: cuando se encuentra libre y feliz, el alma de un actor, de cualquier artista, lo sabe todo sobre la esencia humana, con todas las profundidades del inconsciente. El autor teatral proporciona el lienzo. El actor traza sobre él sus diseños de manera libre, siempre con su propio estilo y de manera honesta.

¿A qué nos referimos nosotros, aquí y ahora, con la idea del alma de un actor, con esta esencia humana que parece que conocemos tan bien en esos momentos de libertad y plenitud artística?

Reconozco cierto desconcierto, incertidumbre e incluso violencia cuando trato de imaginar, de dar forma a la humanidad del alma en este mundo que habitamos y me pregunto cómo esto influye en la labor y propósito de un actor, de su saber hacer. Me pregunto, sinceramente, cómo construimos la realidad que nos rodea, y cómo esta construcción está cambiando nuestra relación con la idea de alma; o con el sentido de lo humano. La exploración de las técnicas de Michael Chéjov y el entrenamiento de Phillip Zarrilli es para mí una herramienta para dar fondo y forma a estos pensamientos en la práctica escénica. El taller Repensar el entrenamiento del pasado julio partió de ellos, y dio un nuevo sentido a la investigación que llevo a cabo desde el año 2000.

Dos son las claves afectivas sobre las que parece funcionar nuestra creatividad: la vulnerabilidad, que la despierta, y la vergüenza, curiosamente su antagonista, que la regula como regula entre otros, nuestro miedo a fracasar. Estas fuerzas humanas al mismo tiempo que te definen creativamente, te mantienen sano y a tu arte vivo, tanto como mantienen operativa la industria y la sociedad en la que participas. No son necesariamente negativas, si bien es cierto que sin una buena gestión y aceptación de ellas tu creatividad no puede liberarse. Sin el control que la industria, la sociedad ejerce sobre ti a través de ellas, tampoco podría mantener su negocio. Son un arma de doble filo.

La apertura, la generosidad, la confianza en tus propias sensaciones y los sentimientos que originan, son algunos de los recursos para gestionar estas fuerzas. A través de tu entrenamiento aprendes a reconocerlas y respetarlas, a saber “actuar” con ellas, consecuentemente. Un buen entrenamiento afecta a tu orientación personal y profesional, actitud ante la vida y disponibilidad hacia el trabajo. No me refiero a marcarte una superación personal como objetivo de aprendizaje. La cualidad de tu creatividad la encontrarás en la libertad que le des a las imágenes, no en el esfuerzo de tu pensamiento ni en la idiosincrasia de tu psicología. La creatividad no es un fin a conseguir, sólo se puede disfrutar, como el amor, cuando viene. Trabajando con las imágenes (es decir, entendiendo nuestra relación con ellas) podemos encontrar la manera de estrechar lazos entre nosotros y la realidad que nos rodea, rescatando algo que verdaderamente nos constituya como artistas y seres humanos únicos.

A todo esto me refiero cuando pienso en el alma humana, y en el entrenamiento del actor como una forma de atender, respetar y aprender a cuidar nuestra creatividad, que es lo que fundamentalmente caracteriza a quien somos, nuestro propio estilo y de manera honesta, como dice Chéjov. Sin embargo, el exceso de fórmulas, protocolos, burocracia, tecnología y algoritmos parecen conducir nuestra vida social, no sólo virtual. No sé si allí ese alma humana, libre y propia, encuentra forma alguna de manifestarse plenamente, de satisfacerse. Aquí subscribo plenamente lo que dice Rosa Chacel en boca de Leticia Valle:

Tengo tal necesidad de pensar por cuenta propia, que, cuando no puedo hacerlo, cuando tengo que conformarme con alguna opinión que no arranca de mí, la acojo con tanta indiferencia que parezco un ser sin sentimientos.

Existe un aspecto aún más intangible, si se puede, que un algoritmo en Facebook, que es la desorientación moral y ética que respiramos. Digo esto consciente de la osadía de mis palabras, del cuestionamiento de la moral y la ética que a menudo mantengo conmigo misma dentro del contexto y momentos que vivo. Me pregunto qué hace que las fake news, las opiniones infundadas, los silencios traidores, lo dicho sin querer decir, consigan destruir lo que destruyen; dónde se encuentra nuestra capacidad de identificar la verdadera moral de la falsa impostura, la postura ética de la pose correcta; qué nos empuja a ponernos de acuerdo en posicionamientos diametralmente opuestos en ocasiones, y hacerlo mediante algún tipo de fórmula que finalmente resulta ser no sólo totalmente inoperante, si no también estúpidamente autodestructiva.
Una nueva realidad también impone un nuevo modo de ver. Y cada realidad también se construye desde cada modo de mirar, sentir. Cómo ser capaz de reconocer y aceptar lo que una ve y siente, lo que verdaderamente a una le impresiona. Es aquí donde más entra en juego nuestra creatividad, nuestra posibilidad de crecer y crear; en poner de acuerdo nuestra esencia humana, lo que podemos llamar alma o necesidad de darnos sentido a nosotras mismas como individuos. Pero, al mismo tiempo, sin traicionarla, hacer de ésta, nuestra posición, algo sostenible en la sociedad y contexto que habitamos. Entrenar serviría finalmente para asegurar nuestra capacidad de imaginar nuevos mundos, nuevas formas de entender los grandes y pequeños desafíos cotidianos a los que como individuos y también como colectivo nos enfrentamos.

Sol Garre, Madrid, septiembre 2022

Fotografías:

Repensar el entrenamiento. Recuerdo del grupo. De izq. a dch.: Carmen Sánchez, Sira Perdiguero, Sara Ballesteros, Pilar Gil, Jessica Huerta, Isaac Tortajada, Juanjo Navarro, Sol Garre, Marta Doldán, Luz Juanes, María Figueroa, Alberto Amarilla y Amparo de Gata. Vértico-exlímite, Julio 2022. Foto: A. Amarilla

Voces Humanas. Recital del teatro con Luz Juanes, Concha de Diego, Amparo de Gata y Sira Perdiguero. Batuta: Sol Garre. Espacio exlímite, Madrid, 31 de julio de 2022. Fotos: Vértico

Luz Juanes interpretando Nana, de Samuel Beckett
Amparo de Gata durante los ensayos de Voces Humanas
Sira Perdiguero interpretando La mujer de pie, de Chantal Maillard
Concha de Diego interpreta a Juana La Loca